Introducción
Recientemente, la Unión Europea y Brasil han dirigido esfuerzos hacia el desarrollo de modelos nacionales de inteligencia artificial. Si bien esta iniciativa puede parecer estratégica para fortalecer la soberanía tecnológica, me recuerda la brillante idea del ejército brasileño en la década de 80 de establecer una reserva de mercado para la tecnología de la información. Es como creer que, forzando la existencia de fábricas nacionales de bicicletas, produciríamos mejores ciclistas.
Recordando el pasado
La historia nos muestra que la reserva de mercado para las TI resultó en atraso tecnológico y aislamiento. Mientras el mundo avanzaba hacia la era digital, Brasil permaneció estancado, utilizando equipos obsoletos y costosos. Esta política proteccionista no impulsó la innovación nacional como se esperaba; por el contrario, creó barreras que dificultaron el acceso a tecnologías de vanguardia y limitaron la competitividad de las empresas brasileñas a nivel global.
Nada impide que cada nación se centre en desarrollar sus propios modelos de inteligencia artificial. La búsqueda de autonomía tecnológica es legítima y puede aportar beneficios específicos. Sin embargo, mi crítica radica en la idea de prohibir o limitar el uso de modelos extranjeros, o incluso asignar importantes recursos públicos a la creación de Modelos de Lenguaje de Gran Tamaño (LLM) nacionales, que requieren una inversión significativa. Estos recursos podrían destinarse a la creación de soluciones innovadoras que utilicen los modelos existentes en el mercado, optimizando así el tiempo y el capital.
El reciente lanzamiento de GPT@EC por parte de la Comisión Europea ejemplifica esta tendencia de centrarse en soluciones internas. Si bien la intención es positiva, pues busca aprovechar los beneficios de la IA en los procesos administrativos, persisten las dudas sobre si esta es la mejor estrategia. Existen herramientas consolidadas, como ChatGPT de OpenAI, que podría adaptarse a necesidades específicas, ahorrando recursos y evitando duplicación de esfuerzos.
Conclusión
Insistir en desarrollar modelos nacionales podría llevarnos a repetir errores del pasado. La innovación tecnológica se impulsa mediante la colaboración global, el intercambio de conocimientos y la integración de esfuerzos. Aislarnos en este contexto podría significar quedarnos atrás en la carrera tecnológica y perder oportunidades de crecimiento y desarrollo.
No hay nada de malo en que cada nación busque fortalecer sus capacidades tecnológicas. Sin embargo, prohibir otros modelos o asignar grandes recursos públicos al desarrollo de maestrías nacionales en derecho (LLM) podría no ser la estrategia más eficiente. En cambio, deberíamos aprovechar las tecnologías existentes, adaptarlas a nuestras necesidades e invertir en soluciones que realmente marquen la diferencia.
Aprender de los errores del pasado es esencial para avanzar de forma sostenible en el panorama tecnológico global. En lugar de repetir políticas que nos aíslan, debemos abrirnos al mundo, colaborar e integrarnos, asegurándonos de estar a la vanguardia de la innovación y preparados para los retos del futuro.










